La Feria de Sr. López: “La misma tonada”

Tía Hortensia, se quedó soltera y ya cerca de los 70 de edad, seguía viviendo en la casona en que nació en Toluca. Dedicaba su vida a medio repararla y parcharla, que era una ruina después de casi siglo y medio de haber sido construida. Una vez convenció al tío Armando, que era arquitecto (hijo mayor de su hermana, la abuela Virgen, la de los siete embarazos), de que se encargara de hacer un arreglo completo. Tío Armando aceptó: -“Pero te vas una temporadita con mi mamá a México, para poder hacer todo bien, a fondo” -ya luego supo tía Hortensia que el mismo día que salió de su casa, tío Armando la demolió con un Caterpillar enorme. Le hizo una nueva, de una planta y sin las seis recámaras que no ocupaba, y le quedó bonita, rodeada de jardín. Tardó en perdonarlo.

Antier, el inminente Presidente de la república, presentó el Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024. Antier mismo empezaron las críticas. Si son acertadas o no, de buena fe o no, es cosa que ignora el del teclado. Es lo que hay y podemos estar seguros de que fue elaborado con las mejores intenciones… aunque -ya dicho que de tan complicada materia este López acepta su ignorancia-, aunque, repito, adolece del mal que padecen siempre nuestras autoridades: confiar en que haciendo leyes cambia la realidad.

Por supuesto las leyes deben ser dinámicas, pues no es estática la sociedad, ni las circunstancias nacionales ni el contexto extranjero, por supuesto, pero el planteamiento que hace a la nación nuestro ya, en los hechos, Presidente, no es alentador, pues por más que en la Introducción del mismo se afirme que es “un paradigma de seguridad pública radicalmente distinto al que ha sido aplicado en los sexenios anteriores”, la verdad es que es una variación, una versión de lo mismo que se ha hecho durante ya tantos años, infructuosos, dolorosos (y de alguna manera, implícitamente, en algo, valida lo hecho por el gobierno actual).

Los primeros cuatro puntos del Plan consisten en combatir la corrupción y mejorar la justicia (pues claro);  mejorar empleo, educación, salud y bienestar; combatir la impunidad en violaciones a Derechos Humanos; y regenerar la ética de la sociedad mediante una Constitución Moral.

Todo eso está muy bien, pero todo eso es de muy largo plazo, en particular lo de hacer una Constitución Moral y regenerar la ética de la sociedad. Esos objetivos, si fueran propios de los gobernantes, se obtienen en plazos que se miden por generaciones, no por sexenios (los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, llevan como 3,500 años de estarse predicando… y ya ve).

En el quinto punto plantea analizar la prohibición de las drogas, atender a los adictos y negociar con el gobierno yanqui la aplicación de los recursos para combatir el trasiego, en programas de reinserción y desintoxicación (se han de referir a los recursos del Plan Mérida… una miseria).

En el 6, se llega a lo medular, la “Pacificación del país”. Menciona una verdad de a puño, tanto, que parece inútil repetirla: “El gobierno mexicano no ha podido derrotar a los cárteles y no hay perspectivas de que logre vencerlos en un tiempo estimable”… ¡zaz!: “no hay perspectivas de que logre vencerlos en un tiempo estimable”; o sea, ¿vámonos acostumbrando?

En ese punto seis, “(…) propone hacer un alto y debatir con las organizaciones delictivas un proceso de desmovilización, desarme y reinserción (…)”; esto, con perdón de los que sí saben, suena a Alicia en el País de las Maravillas, aparte de que es muy poco feliz la frase “debatir con las organizaciones delictivas un proceso de desmovilización, desarme y reinserción”; no son guerrilleros, no son un grupo de alzados: son delincuentes, no “movilizados”… algo no cuadra o algo no sabemos (¿habrá escondida tras la guerra contra el narco otra cosa?, Dios quiera y no). ¿Y, por cierto, qué es “hacer un alto”?… ¿van a suspender una temporadita las acciones contra la delincuencia organizada… ¿o es nada más decir por decir?

El punto 7 propone “Recuperar las cárceles”; en el 8, crear la Guardia Nacional, como cuerpo militarizado para la Seguridad Pública (nos guste o no, hoy por hoy, no hay alternativa, no se puede prescindir del apoyo de nuestras fuerzas armadas). Los primeros resultados se verán en tres años… bueno.

El Plan incluye hacer una Ley Federal de Combate de Conflictos de Interés; tipificar la corrupción como delito grave; prohibir las adjudicaciones directas de contratos; que sea obligatoria la declaración patrimonial, fiscal y de intereses de todos los servidores públicos; clausurar empresas fantasma; más cosas y también, crear un Consejo de Construcción de Paz.

Por última vez aclara este menda que, de asuntos de seguridad pública, sabe lo mismo que Alfonso Durazo (el próximo secretario de Seguridad y Protección Ciudadana): nada, pero en su condición de tenochca por nacimiento, miembro del peladaje estándar, sí sabe que no necesitamos nuevas ni mejores leyes, ni consejos, ni constituciones morales. Lo que es más: este texto servidor está tan seguro que apuesta su salud y los calzones (que es todo lo que tiene en esta vida… y no es poco), a que el problema de seguridad pública que padecemos se arregla sin una sola nueva ley ni nada, aplicando las mismas que ahora tenemos… porque no es ese el problema.

El problema de drogas, tráfico de personas y armas, es global. En Europa y los EUA se fabrican casi todas las sustancias para hacer drogas (si son capaces de mandar naves al espacio profundo, que controlen, ¡ya!, esos productos, que los alteren químicamente para que no sirvan para producir estupefacientes); que la banca internacional deje de lavar las montañas de dinero de los delincuentes y que no les vendan armas ni municiones. Y entonces sí, en el planeta, se verán resultados.

Sudamérica desde cuando menos 1986 está en esta lucha que no ha ganado; México ha puesto ya cientos de miles de muertos. Esto no se puede ganar sin que todos los países involucrados toquen al mismo ritmo y compás, la misma tonada.

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