¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar herpes zóster?

¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar herpes zóster?

Haber tenido varicela durante la infancia no significa que el virus haya desaparecido del organismo. El virus varicela-zóster permanece inactivo en el sistema nervioso y puede reactivarse décadas después, provocando herpes zóster, una enfermedad que suele causar dolor, ardor y una erupción con ampollas en la piel.

Aunque puede presentarse a distintas edades, el riesgo aumenta a partir de los 50 años y es mayor en personas con el sistema inmunitario debilitado. Por eso, reconocer sus primeras señales y conocer los factores de riesgo puede ayudar a buscar atención médica oportunamente.

¿Por qué aparece el herpes zóster después de la varicela?

La varicela y el herpes zóster son causados por el mismo virus. Después de recuperarse de la primera infección, el virus permanece latente en los ganglios nerviosos y, en determinadas circunstancias, puede reactivarse.

Cuando esto sucede, puede producir una erupción dolorosa que generalmente aparece en una franja de un lado del cuerpo o del rostro. A diferencia de la varicela, que suele extenderse por distintas partes del cuerpo, el herpes zóster habitualmente afecta una zona localizada.

La reactivación no significa necesariamente que la persona haya contraído el virus nuevamente. Se trata del virus que permaneció en su organismo desde la infección anterior.

Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollarlo

1. Personas mayores de 50 años

La edad es uno de los principales factores de riesgo. Con el envejecimiento, disminuye parte de la respuesta inmunitaria que ayuda a mantener el virus bajo control, por lo que aumentan las probabilidades de que se reactive. También crece el riesgo de sufrir complicaciones, como dolor nervioso persistente.

2. Personas con las defensas debilitadas

Quienes tienen un sistema inmunitario comprometido pueden presentar un mayor riesgo de desarrollar herpes zóster y de sufrir cuadros más graves. Entre ellas se encuentran personas con determinados tipos de cáncer, infección por VIH o que han recibido un trasplante de órgano o médula ósea.

3. Personas que reciben determinados tratamientos

Algunos medicamentos que reducen la actividad del sistema inmunitario, como ciertos tratamientos contra el cáncer, fármacos utilizados después de un trasplante y determinados corticoides, pueden elevar el riesgo. La magnitud depende del medicamento, la dosis y la situación de cada paciente.

4. Personas que ya tuvieron herpes zóster

Haber padecido un episodio no garantiza que la enfermedad no vuelva a aparecer. Aunque muchas personas solo la desarrollan una vez, las recurrencias son posibles.

Los primeros síntomas que conviene reconocer

Antes de que aparezcan las ampollas, algunas personas experimentan dolor, hormigueo, picazón, ardor o sensibilidad inusual en una zona de la piel. Después puede surgir una erupción con pequeñas ampollas que, con el tiempo, se secan y forman costras.

La erupción suele localizarse en un lado del cuerpo y no cruzar la línea media. Sin embargo, la presentación puede variar y, en ocasiones, el diagnóstico resulta más difícil cuando todavía no hay lesiones visibles.

Si aparecen síntomas compatibles con herpes zóster, conviene buscar atención médica cuanto antes. Los medicamentos antivirales funcionan mejor cuando se inician pronto, generalmente dentro de las primeras 72 horas desde la aparición de la erupción, aunque el profesional puede recomendarlos después según las circunstancias.

Si la erupción afecta el rostro, especialmente cerca de un ojo, se necesita valoración médica urgente por el riesgo de complicaciones oculares.

¿Se puede prevenir?

La vacunación contra el herpes zóster es una de las principales medidas preventivas. En países donde está disponible, la vacuna recombinante contra el zóster se recomienda para adultos de 50 años o más y para determinados adultos de 19 años o más con inmunodepresión, de acuerdo con las indicaciones sanitarias correspondientes.

La vacuna reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad y sus complicaciones, pero no sustituye la evaluación médica cuando aparecen síntomas. La disponibilidad y los criterios de aplicación pueden variar según el país.

También es importante recordar que una persona con herpes zóster no transmite directamente el herpes zóster a otra. Sin embargo, el virus presente en las ampollas puede causar varicela en alguien que nunca la tuvo ni está vacunado contra ella. Cubrir la erupción y evitar el contacto con personas vulnerables hasta que las lesiones formen costras ayuda a reducir el riesgo de transmisión.

El herpes zóster puede aparecer muchos años después de la varicela, pero no todas las personas que tuvieron esa infección lo desarrollarán. Conocer los factores de riesgo, identificar los síntomas y consultar a tiempo permite actuar con mayor rapidez y reducir la posibilidad de complicaciones.

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