Especialistas recomiendan limitar grasas saturadas para proteger el corazón

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Diversas investigaciones recientes han reforzado la evidencia de que el consumo excesivo de grasas saturadas continúa siendo un factor determinante en el desarrollo de enfermedades coronarias. Aunque este tipo de grasas está presente en alimentos de consumo cotidiano, su ingesta elevada puede alterar de manera significativa la salud cardiovascular.
Cómo afectan las grasas saturadas al organismo
Las grasas saturadas, presentes principalmente en productos de origen animal como carnes grasas, embutidos, mantequilla, lácteos enteros y ciertos alimentos ultraprocesados, elevan los niveles de colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”. Este tipo de colesterol tiende a acumularse en las paredes de las arterias, generando placas que reducen el flujo sanguíneo y elevan el riesgo de obstrucciones.
Investigaciones científicas han encontrado que este proceso incrementa la probabilidad de desarrollar aterosclerosis, angina de pecho e infartos agudos al miocardio, especialmente cuando se combina con otros factores de riesgo como sedentarismo, tabaquismo o predisposición genética.
Evidencia reciente y recomendaciones médicas
Instituciones de salud y sociedades cardiológicas internacionales coinciden en que una dieta alta en grasas saturadas contribuye directamente a la aparición de enfermedades cardíacas. Estudios epidemiológicos han demostrado que quienes consumen más del 10% de sus calorías diarias en grasas saturadas tienen un mayor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares.
Los especialistas recomiendan reducir su ingesta y sustituirlas por grasas insaturadas, presentes en alimentos como aguacate, aceite de oliva, pescado azul, frutos secos y semillas. También sugieren evitar productos ultraprocesados, que suelen contener aceites hidrogenados o grasas añadidas de baja calidad nutricional.
Un llamado a la prevención
La enfermedad coronaria sigue siendo una de las principales causas de muerte a nivel mundial, por lo que las autoridades sanitarias insisten en la importancia de adoptar patrones alimenticios más saludables. Disminuir las grasas saturadas, aumentar el consumo de fibra y realizar actividad física regular son medidas que pueden reducir significativamente el riesgo cardiovascular a largo plazo.



