La hepatitis D es oficialmente cancerígena, confirma la OMS

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La hepatitis D ha sido clasificada como cancerígena para los humanos, según la reciente actualización del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), respaldada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este virus, que solo afecta a personas infectadas previamente con hepatitis B, representa un riesgo de cáncer de hígado dos a seis veces mayor que el virus tipo B por sí solo.
La OMS ha llamado a reforzar las estrategias globales para mejorar la detección, el tratamiento y la prevención de esta infección crónica, considerada la forma más agresiva de hepatitis viral.
¿Qué es la hepatitis D y a quién afecta?
El virus de la hepatitis D (VHD) requiere del virus de la hepatitis B (VHB) para replicarse en el organismo. Por ello, solo se presenta en personas ya infectadas con el VHB. Se estima que cerca del 5% de los portadores crónicos de hepatitis B —alrededor de 12 millones de personas en todo el mundo— también están infectados con el virus tipo D.
Entre los grupos más vulnerables a la coinfección se encuentran:
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Comunidades indígenas
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Personas que se inyectan drogas
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Receptores de hemodiálisis
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Individuos con VIH o hepatitis C
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Trabajadores sexuales
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Hombres que tienen sexo con hombres
¿Cuáles son los síntomas?
La coinfección de hepatitis B y D puede ir de moderada a grave, con síntomas similares a los de otras hepatitis víricas:
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Fiebre
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Cansancio
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Náuseas y pérdida de apetito
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Vómito
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Orina oscura
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Heces pálidas
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Coloración amarilla en la piel y los ojos
Estos síntomas suelen aparecer entre 3 y 7 semanas después de la exposición. Aunque la progresión de hepatitis B a D es poco común (menos del 5% de los casos agudos), cuando ocurre puede derivar en daño hepático severo y cáncer.
¿Cómo se transmite?
El VHD se propaga a través del contacto con sangre u otros fluidos corporales infectados, tal como el virus de la hepatitis B. Las principales vías de transmisión incluyen:
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Contacto sexual
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Transmisión vertical (de madre a hijo)
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Reutilización de agujas
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Contacto intrafamiliar en zonas endémicas
La coinfección puede prevenirse con la vacuna contra la hepatitis B, la cual reduce significativamente el riesgo de infección por el virus tipo D.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico requiere pruebas serológicas y moleculares que detecten el ARN del virus. Sin embargo, estas pruebas no están ampliamente disponibles en muchos países con ingresos bajos o medianos.
Hasta hace poco, el único tratamiento disponible era el interferón pegilado (PEG-IFNα), que ofrece resultados limitados y presenta efectos secundarios importantes. Solo entre el 20% y 30% de los pacientes logran una respuesta completa.
No obstante, la bulevirtida, aprobada en 2023 por la Agencia Europea de Medicamentos, representa una opción prometedora. Se administra por vía subcutánea y se encuentra en evaluación para su uso combinado con otras terapias. Los análogos de nucleósidos, utilizados contra el VHB, no han demostrado eficacia frente al VHD, aunque se siguen empleando para controlar la coinfección.
Prevención: la clave está en la vacuna
La mejor forma de prevenir la hepatitis D es evitar la infección por hepatitis B, y esto se logra mediante la vacunación oportuna. La OMS recomienda:
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Vacunación neonatal contra el VHB en las primeras 24 horas de vida
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Prácticas seguras de inyección
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Uso de material estéril en centros de salud
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Programas de reducción de daños con jeringas limpias
En México, la vacuna contra la hepatitis B forma parte del Esquema Nacional de Vacunación, y se aplica a recién nacidos en los centros de salud públicos. También está disponible en instituciones privadas, donde se administra en tres dosis y tiene un costo aproximado de $565 por dosis.



