Las pausas respiratorias al dormir también pueden poner en riesgo el corazón

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La apnea obstructiva del sueño es uno de los trastornos respiratorios del sueño más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los más subdiagnosticados. Se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración mientras la persona duerme debido al colapso parcial o total de las vías respiratorias superiores.
Aunque muchas personas la asocian únicamente con los ronquidos o el cansancio al despertar, la evidencia científica muestra que esta enfermedad puede afectar diversos órganos y aumentar el riesgo de complicaciones como hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y accidente cerebrovascular si no recibe tratamiento.
¿Qué ocurre durante la apnea obstructiva del sueño?
En las personas con apnea obstructiva del sueño, los músculos de la garganta se relajan de forma excesiva durante el descanso, provocando que las vías respiratorias se estrechen o bloqueen temporalmente.
Estas pausas respiratorias, conocidas como apneas, pueden repetirse decenas e incluso cientos de veces durante una sola noche. Como consecuencia, disminuyen los niveles de oxígeno en la sangre y el cerebro provoca pequeños despertares para restablecer la respiración, aunque la persona generalmente no los recuerda.
Esta fragmentación del sueño impide un descanso reparador y favorece múltiples alteraciones en el organismo.
Los síntomas pueden pasar desapercibidos
Muchas personas desconocen que padecen apnea obstructiva del sueño hasta que un familiar observa las pausas respiratorias o los ronquidos intensos.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Ronquidos fuertes y persistentes.
- Pausas en la respiración observadas por otra persona.
- Sensación de ahogo o jadeo durante el sueño.
- Somnolencia excesiva durante el día.
- Dolor de cabeza al despertar.
- Dificultad para concentrarse.
- Irritabilidad o cambios en el estado de ánimo.
- Sequedad de boca al despertar.
Especialistas recomiendan acudir a valoración médica cuando estos síntomas son frecuentes o interfieren con las actividades diarias.
El impacto va más allá del sueño
Diversas investigaciones han demostrado que la apnea obstructiva del sueño no tratada se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Entre las complicaciones más importantes destacan:
- Hipertensión arterial.
- Enfermedad coronaria.
- Insuficiencia cardíaca.
- Fibrilación auricular y otras alteraciones del ritmo cardíaco.
- Accidente cerebrovascular.
- Diabetes tipo 2.
- Deterioro cognitivo y problemas de memoria.
Además, la somnolencia diurna aumenta el riesgo de accidentes laborales y de tránsito.
Existen factores que incrementan el riesgo
Aunque cualquier persona puede desarrollar apnea obstructiva del sueño, algunos factores favorecen su aparición.
Entre ellos se encuentran:
- Sobrepeso u obesidad.
- Circunferencia elevada del cuello.
- Edad avanzada.
- Sexo masculino, aunque el riesgo aumenta en mujeres después de la menopausia.
- Consumo de alcohol antes de dormir.
- Tabaquismo.
- Antecedentes familiares.
- Alteraciones anatómicas de las vías respiratorias superiores.
Identificar estos factores permite orientar la evaluación médica y establecer medidas preventivas.
El diagnóstico requiere una evaluación especializada
Cuando existe sospecha de apnea obstructiva del sueño, el médico puede solicitar una polisomnografía, considerada el estudio de referencia para diagnosticar este trastorno. En algunos casos también pueden utilizarse pruebas simplificadas de sueño realizadas en el domicilio, dependiendo de las características del paciente.
Estos estudios permiten determinar la cantidad de pausas respiratorias por hora y establecer la gravedad de la enfermedad.
El tratamiento mejora la calidad de vida y reduce complicaciones
El tratamiento depende de la severidad de la apnea y de las condiciones de cada paciente.
Las opciones pueden incluir:
- Pérdida de peso cuando existe sobrepeso u obesidad.
- Evitar el consumo de alcohol y sedantes antes de dormir.
- Dormir de lado en algunos casos.
- Uso de dispositivos de presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP), considerado el tratamiento más eficaz para la apnea moderada y grave.
- Dispositivos orales o cirugía en pacientes seleccionados.
El tratamiento adecuado no solo mejora el descanso nocturno, sino que también contribuye a reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares y metabólicas.
Dormir bien también es cuidar la salud del corazón y del cerebro
La apnea obstructiva del sueño va mucho más allá de los ronquidos. Se trata de una enfermedad que puede afectar múltiples órganos y comprometer la salud a largo plazo si no se diagnostica y trata oportunamente.
Especialistas destacan que reconocer los síntomas, buscar atención médica y mantener hábitos saludables son medidas fundamentales para mejorar la calidad del sueño y proteger la salud cardiovascular, metabólica y cerebral.



