Estas son las razones por las que aparecen los cálculos renales

Los cálculos renales, conocidos comúnmente como piedras en los riñones, se forman cuando determinadas sustancias presentes en la orina alcanzan concentraciones suficientemente altas para cristalizar y acumularse.

Sin embargo, no todas las personas tienen la misma probabilidad de desarrollarlos. Mientras algunas pueden presentar varios episodios a lo largo de su vida, otras nunca forman un cálculo, incluso cuando comparten algunos hábitos o factores de riesgo.

La cantidad de agua que se consume es importante

Uno de los principales factores relacionados con los cálculos es la concentración de la orina.

Cuando una persona consume pocos líquidos o pierde mucho líquido mediante el sudor, la orina puede volverse más concentrada. Esto facilita que sustancias como el calcio, el oxalato y el ácido úrico se agrupen y formen cristales.

Por eso, mantener una hidratación adecuada es una de las principales medidas para reducir el riesgo.

La alimentación también puede modificar el riesgo

Lo que una persona consume puede influir en la composición de su orina.

Una alimentación con cantidades elevadas de sodio puede aumentar la cantidad de calcio que se elimina por la orina, mientras que un consumo elevado de determinados alimentos ricos en oxalatos puede favorecer la formación de algunos tipos de cálculos en personas susceptibles.

La alimentación, sin embargo, debe valorarse de manera individual porque no todos los cálculos tienen la misma composición.

No todas las piedras son iguales

Los cálculos renales pueden formarse a partir de diferentes sustancias.

Los más frecuentes son los de oxalato de calcio, pero también existen cálculos de fosfato de calcio, ácido úrico, estruvita y otros tipos menos comunes.

Conocer el tipo de cálculo puede ser útil para determinar por qué se formó y qué medidas pueden ayudar a evitar que vuelva a aparecer.

La genética puede explicar parte de la diferencia

Algunas personas tienen una predisposición hereditaria a formar cálculos.

Los antecedentes familiares pueden aumentar el riesgo, y existen determinadas enfermedades genéticas poco frecuentes que favorecen la formación repetida de piedras.

Esto ayuda a explicar por qué dos personas con hábitos similares pueden tener riesgos muy diferentes.

Algunas enfermedades favorecen su aparición

Ciertas condiciones médicas pueden modificar la cantidad de minerales y otras sustancias presentes en la orina.

Entre ellas se encuentran:

  • Hiperparatiroidismo.
  • Obesidad.
  • Diabetes tipo 2.
  • Algunas enfermedades intestinales.
  • Enfermedades renales.
  • Trastornos que provocan pérdidas importantes de líquidos.

Estas condiciones pueden modificar el equilibrio químico de la orina y facilitar la formación de cristales.

El clima también puede influir

Las personas que viven en lugares muy cálidos o que están expuestas frecuentemente a altas temperaturas pueden perder más líquido mediante la sudoración.

Si esa pérdida no se compensa adecuadamente, la orina se concentra y aumenta el riesgo de que determinadas sustancias cristalicen.

Esto puede explicar por qué los cálculos son más frecuentes en algunas regiones con temperaturas elevadas.

El tamaño y la composición de la orina importan

La formación de un cálculo no depende únicamente de cuánto calcio o ácido úrico existe en el organismo.

También intervienen sustancias presentes en la orina que pueden favorecer o impedir la cristalización.

Por ejemplo, el citrato puede dificultar la formación de determinados cálculos. El equilibrio entre estas sustancias ayuda a explicar por qué algunas personas desarrollan piedras con mayor facilidad.

Tener calcio en la alimentación no significa necesariamente formar piedras

Existe la idea de que consumir calcio provoca cálculos renales, pero la relación es más compleja.

En muchas personas, obtener una cantidad adecuada de calcio mediante los alimentos puede ser compatible con la prevención de determinados cálculos.

Las dietas extremadamente bajas en calcio incluso pueden aumentar la absorción intestinal de oxalato y favorecer la formación de cálculos de oxalato de calcio.

Por eso, no conviene eliminar el calcio de la alimentación sin indicación médica.

¿Por qué algunas personas nunca tienen cálculos?

Porque la formación de una piedra requiere que coincidan diferentes condiciones.

Una persona puede producir una orina menos concentrada, tener una composición urinaria que dificulte la cristalización, mantener una hidratación adecuada y no presentar enfermedades o predisposición genética que aumenten el riesgo.

En otra persona, varios de estos factores pueden combinarse y facilitar la formación de cálculos.

¿Se pueden prevenir?

No todos los cálculos pueden evitarse, pero existen medidas que pueden reducir el riesgo:

  • Beber suficiente agua durante el día.
  • Moderar el consumo de sal.
  • Mantener una alimentación equilibrada.
  • Evitar el exceso de bebidas azucaradas.
  • Mantener un peso saludable.
  • No eliminar el calcio de la dieta sin indicación médica.
  • Tratar las enfermedades que aumenten el riesgo.

Las personas que ya han tenido cálculos pueden necesitar recomendaciones específicas según el tipo de piedra y los resultados de sus análisis.

Los cálculos pueden permanecer sin causar síntomas

Una piedra pequeña puede permanecer en el riñón sin provocar molestias y, en algunos casos, eliminarse por la orina sin que la persona se dé cuenta.

El dolor suele aparecer cuando un cálculo se desplaza hacia el uréter y obstruye el flujo de orina.

El dolor intenso en un costado o la espalda, especialmente si se acompaña de fiebre, vómitos, sangre en la orina o dificultad para orinar, requiere valoración médica.

La diferencia está en varios factores

No existe una única razón que explique por qué una persona desarrolla cálculos renales y otra nunca los presenta.

La hidratación, la alimentación, la genética, el clima, las enfermedades y la composición de la orina interactúan entre sí.

Por eso, prevenirlos no consiste únicamente en beber más agua: cuando una persona forma cálculos repetidamente, conocer su composición y evaluar sus factores de riesgo puede ayudar a establecer una estrategia de prevención más adecuada.

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